Estrategias de construcción de paz mientras sigue la guerra: el reto de la estabilización temprana de excombatientes como modelo previo al proceso de reintegración

18/01/2017
Por: Mariana Tafur Rueda

No hay duda de que el interés del Estado por enfrentar los desafíos que trae cada una de las etapas del proceso de Desarme, Desmovilización y Reintegración se ha incrementado. Sin embargo, dicho proceso debe tomar en cuenta los problemas estructurales de acceso a recursos, educación y salud que enfrenta la sociedad colombiana y que impiden cambios profundos que promuevan una paz no solo como la dejación de armas y la finalización del conflicto armado, sino como lo que Johan Galtung (2003) llamaría una Paz Positiva.

Para Vincenç Fisas (2011), un proceso exitoso de DDR empieza con el desarme y luego la desmovilización de los excombatientes, para continuar con el proceso de reinserción como parte inicial del proceso de reintegración a la sociedad. Así, el desarme se entiende, en palabras de Fisas, como, la recogida, documentación, control y eliminación de armas pequeñas, ligeras y pesadas, municiones y explosivos de combatientes. Es una etapa que necesita de observadores militares, proporcionados a veces por la comunidad internacional (Naciones Unidas, países amigos, entre otros.) (Fisas, 2011: 6).

La desmovilización, por su parte, es entendida como la liberación oficial y controlada que se da a combatientes activos de las fuerzas armadas u otros grupos armados. La primera etapa de la desmovilización puede extenderse desde el acantonamiento de los combatientes en centros temporales, hasta la concentración de tropas en campamentos habilitados para ello (lugares de acantonamiento, campamentos, zonas de concentración o cuarteles) (Fisas, 2011: 6).

De igual manera, la etapa de reinserción implica (…) la asistencia ofrecida a los excombatientes durante la desmovilización, previa al Proceso de Reintegración. Se trata de una forma de asistencia transicional para cubrir las necesidades básicas de los excombatientes y sus familias y que puede incluir prestaciones para la seguridad, alimentos, ropa, servicios médicos, educación a corto plazo, formación, empleo y herramientas (Fisas, 2011: 6).

Finalmente, la reintegración es un (…) proceso por el que los excombatientes adquieren la condición de civiles y obtienen un empleo sostenible e ingresos regulares. Es esencialmente un proceso social y económico que se produce en primer lugar en las comunidades. La Reintegración es una etapa que suele durar tres años, en cuanto a la asistencia oficial (Fisas, 2011: 6).

A grandes rasgos y en el marco de cumplir con el proceso integral de la reintegración, el dispositivo de estabilización temprana pretende aportar, a partir de un enfoque diferencial que reconoce las múltiples discriminaciones que sufren y pueden sufrir los excombatientes en el futuro, de la siguiente manera:

  • Construcción de ciudadanía: propone el reto de instalar la capacidad de respuesta al medio laboral y social y desarrollar autonomía.
  • Formación académica: está en función de dar herramientas no solo para cumplir con el proceso educativo formal sino también para formar en términos de ciudadanía y convivencia.
  • Estabilización laboral: espera romper las barreras de acceso que puede sufrir el excombatiente. La formación laboral en un área específica está determinada por los intereses que tenga cada excombatiente. Se concentra en oficios, técnicos y tecnólogos, no en diplomas universitarios.
  • Atención psicosocial: pretende aumentar el control personal y estabilizar emocionalmente, partiendo del sinnúmero de cambios que sufren quienes deciden desmovilizarse y reintegrarse a la vida civil.

En Colombia ha habido varias iniciativas de este tipo, lideradas en su mayoría por la Agencia Colombiana para la Reintegración y otros socios que van desde la empresa privada hasta instituciones de educación pública técnica y tecnológica, concentradas en la formación agropecuaria y en la formación industrial, unas más exitosas que otras. La clave fundamental para el éxito de ellas no es solamente conseguir que el excombatiente logre completar el proceso de reintegración –que ya es todo un reto- y tenga herramientas para volver a la vida civil, es, igualmente, que quienes acompañan los procesos como formadores puedan desarrollar la suficiente empatía y solidaridad que les permita ver al excombatiente como un ser humano igual en derechos y deberes, no como a un delincuente.   

De hecho, si bien el proceso está compuesto por formadores, acompañantes y excombatientes, no debemos olvidar que la reintegración en sí misma es responsabilidad de todos, no solo de quienes por múltiples y diversas razones hicieron parte activa de la guerra. En ese sentido, el proceso de reintegración puede ser exitoso para el excombatiente pero, si la sociedad no logra desarrollar la empatía y la solidaridad necesarias para ver al excombatiente como un ser humano igual en derechos y deberes, no será posible la paz.

Fotografía extraída de: http://revistafamilia.com.mx/web/?p=2309