Inquietudes que surgen después de un año funesto para la democracia

10/12/2016
Por: Felipe Botero Quintana

Desde la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos a comienzos de este mes, se ha vuelto un lugar común hablar del 2016 como un año funesto para la democracia

En efecto, la elección de Trump junto al triunfo electoral del Brexit en junio de este año y, por supuesto, la grave victoria del “No” en el plebiscito por la paz en octubre en nuestro país significaron un duro golpe para la democracia. ¿Por qué? Porque con estos resultados electorales ha salido a relucir un problema de fondo de la democracia que desde siempre nos ha rondado pero que apenas ahora empezamos a reconocer abiertamente: el mayoritarianismo, la tiranía de las mayorías.

El denominador común de los tres “funestos” resultados electorales es que en las tres instancias un sector mayoritario de la población decidió en las urnas un asunto que concernía a la totalidad de la población. ¿Cuál es entonces el problema? ¿No se supone que la democracia consiste justamente en que una mayoría decida electoralmente el rumbo y las acciones que debe tomar un país? El problema viene a ser que los tres “funestos” resultados electorales se consiguieron con base en campañas políticas cuyo discurso atacaba sistemáticamente a minorías constitucionalmente vulnerables: en el caso de Reino Unido un discurso contra los inmigrantes y en el caso de Estados Unidos un discurso contra los inmigrantes, los latinos, las mujeres, los afro descendientes, las personas con discapacidades y casi cualquier grupo imaginable que requiera de especial protección constitucional.

¿Cuál viene hacer la minoría atacada por el discurso del “No” y fuertemente perjudicada por su victoria electoral el 2 de octubre? Por un lado las víctimas, o por lo menos un sector importante de las víctimas, como lo demuestra el resultado electoral del plebiscito en el municipio de Bojayá, Chocó – comunidad que padeció un ataque con cilindro por parte de las FARC el 2 de mayo del 2001 – donde un 95.78% de las personas votaron a favor del acuerdo de paz pero que vieron su voluntad de paz truncada por la voluntad democrática de las mayorías. No obstante, las víctimas no son la única minoría constitucionalmente vulnerable perjudicada por la votación del plebiscito. En realidad el resultado electoral del 2 de octubre significó una afrenta aún más grave por parte de las mayorías a las minorías (incluyendo a las víctimas) y una afirmación aun más macabra de su tiranía: el 62.57% de los colombianos habilitados para votar que no salieron a hacerlo demostraron con su indiferencia y su apatía política un profundo desprecio hacia el sector de la población colombiana que padece cotidianamente las acciones del conflicto armado – en particular la población rural de nuestro país – y que se verá directamente afectada si el acuerdo de paz alcanzado por el gobierno con las FARC llegara a disolverse y con él el cese al fuego que ha significado una importante disminución de acciones violentas en nuestro territorio.

Inevitablemente surgen las preguntas: ¿qué hacer frente a la tiranía de las mayorías? ¿cómo remediar este profundo defecto de nuestra democracia (y de la democracia en general)? Evidentemente ninguna democracia puede suspender o eliminar el ejercicio de votación electoral como parte de su funcionamiento, pues al hacerlo perdería un elemento que la define como “democracia”. Así pues, ¿cómo proteger a las minorías de la tiranía de las mayorías sin dejar de lado lo que nos constituye en gran parte como democracia?

Responder adecuadamente a estos interrogantes sobrepasa las capacidades de esta nota, por lo que me limitaré a señalar tres ideas “sueltas” – muy relacionadas entre sí – que a primera vista parecen esenciales para lograr proteger a las minorías de la tiranía de las mayorías sin renunciar al mecanismo de votación electoral.

1) Educación: es fundamental seguir trabajando por alcanzar una cobertura total de una educación de calidad en primaria y secundaria, al igual que una formación universitaria o técnica de fácil acceso para toda la población colombiana. Suena utópico pero piénsese en los recursos económicos anteriormente destinados a la guerra que, si el proceso de paz que adelanta el gobierno con las FARC es exitoso, podrían destinarse a este fin simple pero extremadamente difícil de alcanzar.  

Asimismo, resulta de vital importancia profundizar en la educación relativa a derechos humanos a través de diversos talleres y mecanismos de aprendizaje diseñados para niños, niñas, jóvenes y adolescentes. El conocimiento de derechos humanos, del funcionamiento de nuestra democracia y de la necesidad de proteger a las minorías constitucionalmente vulnerables debe ser inculcado en los colombianos desde la más temprana edad, pues sólo así será posible formar ciudadanos conscientes que voten pensando no sólo en su propio interés y sin ser indiferentes a las necesidades y deseos democráticos de las minorías.

2) Protección institucional y constitucional de las minorías: como lo consagra nuestra Constitución, todas las instituciones nacionales y locales, públicas y privadas, deben velar por el interés de las minorías y su protección contra la tiranía de las mayorías. A este respecto cabría considerar si acaso no tenían razón quienes sostuvieron previo al plebiscito que el derecho a la paz es un derecho fundamental que no podía ser sometido a decisión de la mayoría. Sin embargo, más allá de esta polémica, es esencial que instituciones como la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia limiten la acción de las ramas legislativa y ejecutiva cuando éstas puedan potencialmente perjudicar a las minorías, como lo han venido haciendo en diversas instancias y como lo deben seguir haciendo, por ejemplo, al no permitir el referendo que adelanta la senadora Vivianne Morales para definir la posibilidad de adopción por parte de parejas del mismo sexo o personas pertenecientes a la comunidad LGTBI. Las convicciones religiosas de las mayorías NO PUEDEN determinar los derechos de minorías, como lo son los miembros de la comunidad LGTBI: el derecho a adoptar y a ser adoptado deben ser respetados por encima de cualquier consideración religiosa.

3) Por último, a mi parecer el punto más relevante, la participación ciudadana, que justamente ha tenido un importante despertar después del plebiscito del 2 de octubre y que no puede dejar de ejercer su poder y su influencia respecto al acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC y cualquier otra iniciativa o situación que concierne a la totalidad de la población colombiana. Mediante la participación ciudadana se combaten dos supuestos que están a la base del mayoritarianismo: el primero, que la democracia es un producto terminado, un régimen establecido que por su mera institución garantiza el bienestar de toda la población. La democracia es y será siempre un proceso, una institución dinámica que requiere de constante trabajo para poder satisfacer las necesidades de toda una población y no sólo de su mayoría. Y en segundo lugar, que el voto es el único modo de manifestación democrática o que votar garantiza siempre el buen funcionamiento de una democracia. La votación debe ser concebida como una instancia más de la democracia, quizás una de las más importantes, pero no puede ser el único espacio de ejercicio democrático, pues de otro modo estaremos condenados siempre a la tiranía de las mayorías. 

Fotografía extraída de: Sinestesia Ong